Wednesday, July 13, 2005

Un hombre es lo que realiza.


DARIO FO, DRAMATURGO
Y PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1997

"Un hombre es lo que escoge hacer"

La historia de este grande del teatro, amado entre bambalinas -pude ver cómo trata y es tratado-, arranca en un pueblecito sobre el lago Maggiore donde los sopladores de vidrio mataban el tiempo contando historias. En ´El país de los cuentacuentos´ narra ese mundo. Fue pintor, y lo sigue siendo, el suelo de su camerino está lleno de papeles en proceso de secado y mientras hablamos él va pintando: "Fui alistado en el ejército nazi-fascista de la efímera República de Salò a los 17 años. Viví el bombardeo de Treviso, 10.000 muertos. Guardo recuerdos atroces. Deserté". De ahí saltamos a Franca, su mujer, primera actriz de casi todas sus producciones: "La amo". Fo es un gran conversador, cuando le explico en qué diario trabajo, me interrumpe: "Eso da igual".

Tengo 79 años. Vivo en Milán. Estoy casado y enamorado de Franca Rame. Tengo un hijo y dos nietos. Creo que los ciudadanos deben controlar al poder, ser activos. La vida es un milagro y a su creador no lo llamo Dios porque me vienen a la cabeza los faldones de los curas, lo llamo misterio. He presentado en el Liceu La gazzetta

LA VANGUARDIA - 13/07/2005


-¿Qué le ha hecho ser quien es?

-El lugar donde he nacido.

-¿Qué tiene de especial?

-Mi padre era jefe de estación. Vine al mundo entre un ómnibus y un mercancías. Cuando lo trasladaron de San Giano a Porto Valtravaglia, ingresé en un mundo increíble donde sus habitantes vivían de noche.

-Como los murciélagos.

-Así los apodaban en todo el lago Maggiore. Eran sopladores de vidrio, y como los hornos funcionan las 24 horas, no dormían nunca, ni tampoco las tabernas a las que acudían maestros de fundición de todos los rincones de Europa. Aquello era una babelia.

-¿Gente distinta con lenguas distintas?

-Sí, pero por el contrario que en la torre de Babel, allí todos se comunicaban fabulando sobre su propia historia y los sucesos que acontecían. Así ocupaban su tiempo.

-Gran aprendizaje para usted.

-Sí; claro que, entonces, como era un crío, no me daba cuenta de que en aquella extraña fragua de dialectos y lenguas estaba asistiendo a una irrepetible universalidad de la comunicación que me convertiría en un narrador libre y lleno de recursos.

-¿Pero cómo se entendían?

-Con la riqueza de los gestos, el poder interpretativo y la audacia. Aquello era teatro en vivo. Además, el oficio de soplador produce silicosis, que a menudo se manifiesta con crisis de demencia.

-¿Y exorcizaban su locura fabulando?

-Sí. Había un tipo que contaba que podía volar. Otro se paseaba desnudo con el traje pintado en la piel. Desde entonces la figura del diferente, del imprevisible, del ilógico, siempre me ha fascinado.

-¿Qué historia de todas las que ha oído fue la más reveladora?

-Una antigua fábula francesa que cuenta la noche de bodas de un joven muy cándido que nunca había visto el sexo de una mujer. La novia, para librarse de él, le dice que se ha olvidado su sexo en casa de la madre y el muchacho va a buscarlo. Su suegra entiende la burla y le da una canasta con un conejito.

-Malas...

-El conejito se escapa y el joven llega ante su novia llorando: "He perdido tu sexo, soy un desgraciado". Ella se enternece: "Mira, ha vuelto". "Pobrecito, dice el joven, debe reposar, haremos el amor mañana".

-¿Por qué le gusta tanto?

-Me emociona, tiene una poesía increíble.

-¿Cómo fue su descubrimiento del amor?

-Mi gran amor es Franca Rame desde el primer día que la vi, sobre un escenario. Era bellísima, todos la cortejaban y yo pensaba: "Jamás conseguirás una mujer como ésta".

-Cincuenta años juntos en la cama y en escena, ¿cómo se hace?

-Es un milagro, porque nos hemos peleado mucho. Han sido 50 comedias de teatro.

-Usted iba para pintor.

-También estudiaba Arquitectura. Pero entré en crisis y lo abandoné todo. Para recuperarme decidí hacer un cursillo de teatro y se convirtió en mi vida, aunque ya lo llevaba bajo la piel: el que sabe contar sabe citar.

-¿Siempre contra el poder?

-El mío es un teatro satírico, grotesco, y eso no le gusta al poder. Y no importa el color, a la izquierda tampoco le he sido simpático. Cualquier poder, cuando se siente en el centro de una ironía, intenta eliminarte.

-¿La política le ha desencantado?

-Yo he sido un apasionado, a veces con exceso de furor, contra la injusticia, la violencia y la guerra, porque las he vivido.

-¿Y cuál es su conclusión?

-La lucha es constante. No existe la posibilidad de detenerse, si lo haces traicionas tus ideales. He tenido amigos que se han cansado por el camino; lo entiendo, pero yo, si lo hiciera, perdería la razón de ser y de hacer.

-¿Persigue usted una utopía?

-Hacer una verdadera revolución es casi imposible, pero puedes trabajar en lo tuyo con la máxima atención y honestidad. Cuando estás desesperanzado, cuando te han traicionado, hay que airear la tierra, y seguir trabajando el propio huerto.

-En 1973 un grupo fascista conectado con la policía torturó y violó a Franca Rame...

-Los tribunales han oído testimonios sobre cómo se brindaba en los cuarteles para celebrar esa violación, han oído nombres y detalles concretos; pese a ello, aquel terrorismo de Estado quedará impune: sumario cerrado.

-¿Qué ha sido lo importante?

-A veces lo grande ha sido fácil y lo pequeño difícil, o lo pequeño muy satisfactorio y lo grande, al final, poco importante.

-¿Lo dice por el premio Nobel?

-El premio Nobel fue importante, pero no lo más importante de mi vida. Un hombre es lo que hace, lo que escoge, las cosas que consigue crear, los sueños que consigue realizar.

-¿Qué ha perseguido?

-Yo soy uno de los autores vivos más grandes del mundo, es inútil que me haga el modesto. Soy el más representado, así que lo he conseguido, he sido capaz de exprimirme y hacerme oír, y eso es un hecho grande.

-¿Qué piensa del ser humano?

-Que es una máquina espléndida, una obra de arte del creador. Absurdamente, quien menos la respeta es quien la posee.

-Los peces serán los últimos en comprender el agua.

-Así es. Usted y yo no nos damos cuenta del milagro que vivimos.

-Es usted un optimista.

-Sí, abogo por el optimismo de la razón: quejarse poco y procurar resolver los problemas en positivo, tener esa fuerza es básico y es algo que se trabaja.

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