
DZEVAD KARAHASAN,
PROFESOR DE DRAMATURGIA, ENSAYISTA Y ESCRITOR
"Solemos pretender ser lo que no somos"
Me gustaría que usted pudiera ver cómo se entrega Karahasan cuando habla, con qué ilusión. Él tiene razón..., tocar, oler, mirar; escuchar al otro con todo tu cuerpo. Y dejar las ideas en la maleta. Nos sobran ideas y nos falta realidad. Sólo uno mismo puede dar contenido a lo que ocurre, pero para eso hay que sentir con respeto, es decir, sin apriorismo, abiertos, porque... "siempre estamos simulando algo, pretendiendo algo". Este profesor de drama, escritor de premiadas obras, ensayos y novelas, está considerado uno de los más lúcidos intelectuales de Europa. En ´Sarajevo. Diario de un éxodo´, que acaba de publicar en España Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, habla de todos esos sentimientos que afloran cuando vivir consiste en sobrevivir.
Tengo 52 años. Nací en Duvno (Bosnia), pero he vivido en Sarajevo. Estoy felizmente casado. Soy licenciado en Literatura Comparada y Ciencias del Teatro. Soy un cristiano socialista. Cada uno de nosotros depende de los demás. Todo lo importante nos lo regalan, así que soy un individualista solidario consciente de su propia imperfección
IMA SANCHÍS - 15/07/2005
-¿Ha dudado alguna vez de que la vida es un regalo?
-Yo dudo continuamente, pero me autoconvenzo una y otra vez de que cada uno de nosotros sólo se hace a través del contacto con los demás. Nuestra piel nos separa del mundo, pero al mismo tiempo nos une con las personas a las que amamos.
-¿A quién ha amado usted?
-En mi infancia la persona más importante del mundo era mi hermano mayor. En mi localidad no había electricidad. Mis hermanos hacían sus deberes a la luz de una lámpara de petróleo. Había sobre la mesa un círculo luminoso, todo lo demás era penumbra.
No me dejaban acercarme, molestaba, pero mi hermano me ponía sobre sus hombros.
-¿Le llevó a la luz?
-Sí, y eso fue determinante. Gracias a él descubrí la dependencia humana.
-¿Quién hubo es su juventud?
-Un tío herrero que me enseñó a pensar con las manos. La mano es inteligente, tiene conocimiento. A través de la cabeza sólo se puede generar una forma mecánica. Es en la armonía de las manos y la cabeza como se consigue crear una forma orgánica.
-Vale para las manualidades, ¿y el trabajo intelectual?
-Al escribir también pienso con la mano.
Fíjese en un buen futbolista: su pierna piensa, si lo hiciera con la cabeza sería lento y aburrido.Un buen actor piensa con todo su cuerpo.De eso trata el ascetismo, del conocimiento a través de la experiencia.
-Siga hablándome de amor.
-El lugar más maravilloso del paraíso es la mujer. Los jardines y las mujeres tienen que ser percibidos con los cinco sentidos, experimentarlos con los sentidos interiores y exteriores.
-¿La mayor lección que le ha dado la vida?
-Cuando le dices a una persona "te necesito", hay en esa afirmación una verdadera grandeza y una gran fuerza.
-Creía que la dependencia era negativa.
-Porque en un mundo que se reduce a un único valor, el dinero; un mundo en que el amor, la familia y el conocimiento son banalizados porque no se puede sacar provecho
-Y usted cree que no.
-Hay malas formas de dependencia, pero también hay maravillosas. ¿Hay algo más sublime que la dependencia mutua de los amantes o de un niño por su madre? En Sarajevo, en medio de la guerra, yo era muy consciente de mi propia existencia porque había un par de personas que pensaban en mí.
-Es importante valorarlo.
-Otro aprendizaje fue la solidaridad. Una persona puede articularse a sí misma en la medida en que, de forma transitoria, se autoproyecte en otra persona y sienta como algo propio la necesidad y el sufrimiento del otro. Cuando uno está en la silla del dentista sólo puede gritar, pero reconoce el sufrimiento cuando ve sufrir a otro a quien quiere.
-Está hablando de conciencia.
-Sí. Mi trabajo en el teatro me ha dado otra lección: en el drama, unos a otros se determinan. Yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú porque yo soy yo.
-¿Es aplicable a la vida?
-Absolutamente. Ahora yo hablo sólo para usted, sólo esta vez, y sólo en este lugar. Si usted fuera otro, la relación cambiaría. La objetividad no significa indiferencia. Inconscientemente, siempre nos adaptamos a la persona que tenemos delante. Vivimos con el otro y el juego es siempre recíproco.
-¿No le ha decepcionado el ser humano?
-En realidad, no. He sufrido momentos terribles en los que pensé que el ser humano es la bestia más espantosa. Y efectivamente lo es. Pero también hubo experiencias bellas.
Hubo personas que vinieron a Sarajevo simplemente para estar con nosotros.
-¿La guerra le ha cambiado?
-Me ha despertado la capacidad de jerarquizar determinados impulsos. Por ejemplo: antes, si alguien pegaba a un niño, me volvía loco contra la persona. Ahora prefiero intentar consolar al niño y me juro a mí mismo que yo nunca lo haré.
-Eso es constructivo.
-Sí, reconozco mis propios vicios en los otros, soy mucho más tolerante. Y, como es sabido, nuestras propias debilidades vistas en los demás nos irritan especialmente. Uno aprende también que las verdaderas necesidades se han de distinguir de las aparentes.
-No es fácil.
-Nuestro mundo consumista ha sido muy hábil en crear y desarrollar una serie de necesidades que hay que aprender a eliminar. Durante un año viví sin electricidad, sin calefacción, con muy poco alimento y agua. Y juro que había instantes de verdadera felicidad.
-¿Qué es lo mejor que podemos dar al otro?
-Nuestra atención. Lo que yo añoro más en nuestro mundo actual es la atención frente a nuestro interlocutor. Yo soy un conversador y escucho con mucha atención. Y cada vez más me sucede que mi interlocutor siente un cierto malestar ante mi mirada atenta. Entonces le tengo que explicar que no siento ningún interés por sus ideas, sino por él.
-Lo descoloca, claro.
-Dejemos las ideas en la maleta. Entre nosotros, y también a nosotros mismos, nos tratamos como objetos despojados de espíritu. Hay mujeres más guapas y mejores que la mía, pero yo la amo a ella porque es la que de un modo más profundo se ha manifestado a mí. Añoro el valor de abrirse al otro, siempre estamos simulando algo, pretendiendo algo. Nos esforzamos por ocultar nuestras debilidades, y eso tiene que ver con el miedo.
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