Friday, July 15, 2005

Vivir sensiblemente


DZEVAD KARAHASAN,
PROFESOR DE DRAMATURGIA, ENSAYISTA Y ESCRITOR
"Solemos pretender ser lo que no somos"


Me gustaría que usted pudiera ver cómo se entrega Karahasan cuando habla, con qué ilusión. Él tiene razón..., tocar, oler, mirar; escuchar al otro con todo tu cuerpo. Y dejar las ideas en la maleta. Nos sobran ideas y nos falta realidad. Sólo uno mismo puede dar contenido a lo que ocurre, pero para eso hay que sentir con respeto, es decir, sin apriorismo, abiertos, porque... "siempre estamos simulando algo, pretendiendo algo". Este profesor de drama, escritor de premiadas obras, ensayos y novelas, está considerado uno de los más lúcidos intelectuales de Europa. En ´Sarajevo. Diario de un éxodo´, que acaba de publicar en España Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores, habla de todos esos sentimientos que afloran cuando vivir consiste en sobrevivir.

Tengo 52 años. Nací en Duvno (Bosnia), pero he vivido en Sarajevo. Estoy felizmente casado. Soy licenciado en Literatura Comparada y Ciencias del Teatro. Soy un cristiano socialista. Cada uno de nosotros depende de los demás. Todo lo importante nos lo regalan, así que soy un individualista solidario consciente de su propia imperfección

IMA SANCHÍS - 15/07/2005


-¿Ha dudado alguna vez de que la vida es un regalo?

-Yo dudo continuamente, pero me autoconvenzo una y otra vez de que cada uno de nosotros sólo se hace a través del contacto con los demás. Nuestra piel nos separa del mundo, pero al mismo tiempo nos une con las personas a las que amamos.

-¿A quién ha amado usted?

-En mi infancia la persona más importante del mundo era mi hermano mayor. En mi localidad no había electricidad. Mis hermanos hacían sus deberes a la luz de una lámpara de petróleo. Había sobre la mesa un círculo luminoso, todo lo demás era penumbra.

No me dejaban acercarme, molestaba, pero mi hermano me ponía sobre sus hombros.

-¿Le llevó a la luz?

-Sí, y eso fue determinante. Gracias a él descubrí la dependencia humana.

-¿Quién hubo es su juventud?

-Un tío herrero que me enseñó a pensar con las manos. La mano es inteligente, tiene conocimiento. A través de la cabeza sólo se puede generar una forma mecánica. Es en la armonía de las manos y la cabeza como se consigue crear una forma orgánica.

-Vale para las manualidades, ¿y el trabajo intelectual?

-Al escribir también pienso con la mano.

Fíjese en un buen futbolista: su pierna piensa, si lo hiciera con la cabeza sería lento y aburrido.Un buen actor piensa con todo su cuerpo.De eso trata el ascetismo, del conocimiento a través de la experiencia.

-Siga hablándome de amor.

-El lugar más maravilloso del paraíso es la mujer. Los jardines y las mujeres tienen que ser percibidos con los cinco sentidos, experimentarlos con los sentidos interiores y exteriores.

-¿La mayor lección que le ha dado la vida?

-Cuando le dices a una persona "te necesito", hay en esa afirmación una verdadera grandeza y una gran fuerza.

-Creía que la dependencia era negativa.

-Porque en un mundo que se reduce a un único valor, el dinero; un mundo en que el amor, la familia y el conocimiento son banalizados porque no se puede sacar provecho

-Y usted cree que no.

-Hay malas formas de dependencia, pero también hay maravillosas. ¿Hay algo más sublime que la dependencia mutua de los amantes o de un niño por su madre? En Sarajevo, en medio de la guerra, yo era muy consciente de mi propia existencia porque había un par de personas que pensaban en mí.

-Es importante valorarlo.

-Otro aprendizaje fue la solidaridad. Una persona puede articularse a sí misma en la medida en que, de forma transitoria, se autoproyecte en otra persona y sienta como algo propio la necesidad y el sufrimiento del otro. Cuando uno está en la silla del dentista sólo puede gritar, pero reconoce el sufrimiento cuando ve sufrir a otro a quien quiere.

-Está hablando de conciencia.

-Sí. Mi trabajo en el teatro me ha dado otra lección: en el drama, unos a otros se determinan. Yo soy yo porque tú eres tú, y tú eres tú porque yo soy yo.

-¿Es aplicable a la vida?

-Absolutamente. Ahora yo hablo sólo para usted, sólo esta vez, y sólo en este lugar. Si usted fuera otro, la relación cambiaría. La objetividad no significa indiferencia. Inconscientemente, siempre nos adaptamos a la persona que tenemos delante. Vivimos con el otro y el juego es siempre recíproco.

-¿No le ha decepcionado el ser humano?

-En realidad, no. He sufrido momentos terribles en los que pensé que el ser humano es la bestia más espantosa. Y efectivamente lo es. Pero también hubo experiencias bellas.

Hubo personas que vinieron a Sarajevo simplemente para estar con nosotros.

-¿La guerra le ha cambiado?

-Me ha despertado la capacidad de jerarquizar determinados impulsos. Por ejemplo: antes, si alguien pegaba a un niño, me volvía loco contra la persona. Ahora prefiero intentar consolar al niño y me juro a mí mismo que yo nunca lo haré.

-Eso es constructivo.

-Sí, reconozco mis propios vicios en los otros, soy mucho más tolerante. Y, como es sabido, nuestras propias debilidades vistas en los demás nos irritan especialmente. Uno aprende también que las verdaderas necesidades se han de distinguir de las aparentes.

-No es fácil.

-Nuestro mundo consumista ha sido muy hábil en crear y desarrollar una serie de necesidades que hay que aprender a eliminar. Durante un año viví sin electricidad, sin calefacción, con muy poco alimento y agua. Y juro que había instantes de verdadera felicidad.

-¿Qué es lo mejor que podemos dar al otro?

-Nuestra atención. Lo que yo añoro más en nuestro mundo actual es la atención frente a nuestro interlocutor. Yo soy un conversador y escucho con mucha atención. Y cada vez más me sucede que mi interlocutor siente un cierto malestar ante mi mirada atenta. Entonces le tengo que explicar que no siento ningún interés por sus ideas, sino por él.

-Lo descoloca, claro.

-Dejemos las ideas en la maleta. Entre nosotros, y también a nosotros mismos, nos tratamos como objetos despojados de espíritu. Hay mujeres más guapas y mejores que la mía, pero yo la amo a ella porque es la que de un modo más profundo se ha manifestado a mí. Añoro el valor de abrirse al otro, siempre estamos simulando algo, pretendiendo algo. Nos esforzamos por ocultar nuestras debilidades, y eso tiene que ver con el miedo.

Wednesday, July 13, 2005

Un hombre es lo que realiza.


DARIO FO, DRAMATURGO
Y PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1997

"Un hombre es lo que escoge hacer"

La historia de este grande del teatro, amado entre bambalinas -pude ver cómo trata y es tratado-, arranca en un pueblecito sobre el lago Maggiore donde los sopladores de vidrio mataban el tiempo contando historias. En ´El país de los cuentacuentos´ narra ese mundo. Fue pintor, y lo sigue siendo, el suelo de su camerino está lleno de papeles en proceso de secado y mientras hablamos él va pintando: "Fui alistado en el ejército nazi-fascista de la efímera República de Salò a los 17 años. Viví el bombardeo de Treviso, 10.000 muertos. Guardo recuerdos atroces. Deserté". De ahí saltamos a Franca, su mujer, primera actriz de casi todas sus producciones: "La amo". Fo es un gran conversador, cuando le explico en qué diario trabajo, me interrumpe: "Eso da igual".

Tengo 79 años. Vivo en Milán. Estoy casado y enamorado de Franca Rame. Tengo un hijo y dos nietos. Creo que los ciudadanos deben controlar al poder, ser activos. La vida es un milagro y a su creador no lo llamo Dios porque me vienen a la cabeza los faldones de los curas, lo llamo misterio. He presentado en el Liceu La gazzetta

LA VANGUARDIA - 13/07/2005


-¿Qué le ha hecho ser quien es?

-El lugar donde he nacido.

-¿Qué tiene de especial?

-Mi padre era jefe de estación. Vine al mundo entre un ómnibus y un mercancías. Cuando lo trasladaron de San Giano a Porto Valtravaglia, ingresé en un mundo increíble donde sus habitantes vivían de noche.

-Como los murciélagos.

-Así los apodaban en todo el lago Maggiore. Eran sopladores de vidrio, y como los hornos funcionan las 24 horas, no dormían nunca, ni tampoco las tabernas a las que acudían maestros de fundición de todos los rincones de Europa. Aquello era una babelia.

-¿Gente distinta con lenguas distintas?

-Sí, pero por el contrario que en la torre de Babel, allí todos se comunicaban fabulando sobre su propia historia y los sucesos que acontecían. Así ocupaban su tiempo.

-Gran aprendizaje para usted.

-Sí; claro que, entonces, como era un crío, no me daba cuenta de que en aquella extraña fragua de dialectos y lenguas estaba asistiendo a una irrepetible universalidad de la comunicación que me convertiría en un narrador libre y lleno de recursos.

-¿Pero cómo se entendían?

-Con la riqueza de los gestos, el poder interpretativo y la audacia. Aquello era teatro en vivo. Además, el oficio de soplador produce silicosis, que a menudo se manifiesta con crisis de demencia.

-¿Y exorcizaban su locura fabulando?

-Sí. Había un tipo que contaba que podía volar. Otro se paseaba desnudo con el traje pintado en la piel. Desde entonces la figura del diferente, del imprevisible, del ilógico, siempre me ha fascinado.

-¿Qué historia de todas las que ha oído fue la más reveladora?

-Una antigua fábula francesa que cuenta la noche de bodas de un joven muy cándido que nunca había visto el sexo de una mujer. La novia, para librarse de él, le dice que se ha olvidado su sexo en casa de la madre y el muchacho va a buscarlo. Su suegra entiende la burla y le da una canasta con un conejito.

-Malas...

-El conejito se escapa y el joven llega ante su novia llorando: "He perdido tu sexo, soy un desgraciado". Ella se enternece: "Mira, ha vuelto". "Pobrecito, dice el joven, debe reposar, haremos el amor mañana".

-¿Por qué le gusta tanto?

-Me emociona, tiene una poesía increíble.

-¿Cómo fue su descubrimiento del amor?

-Mi gran amor es Franca Rame desde el primer día que la vi, sobre un escenario. Era bellísima, todos la cortejaban y yo pensaba: "Jamás conseguirás una mujer como ésta".

-Cincuenta años juntos en la cama y en escena, ¿cómo se hace?

-Es un milagro, porque nos hemos peleado mucho. Han sido 50 comedias de teatro.

-Usted iba para pintor.

-También estudiaba Arquitectura. Pero entré en crisis y lo abandoné todo. Para recuperarme decidí hacer un cursillo de teatro y se convirtió en mi vida, aunque ya lo llevaba bajo la piel: el que sabe contar sabe citar.

-¿Siempre contra el poder?

-El mío es un teatro satírico, grotesco, y eso no le gusta al poder. Y no importa el color, a la izquierda tampoco le he sido simpático. Cualquier poder, cuando se siente en el centro de una ironía, intenta eliminarte.

-¿La política le ha desencantado?

-Yo he sido un apasionado, a veces con exceso de furor, contra la injusticia, la violencia y la guerra, porque las he vivido.

-¿Y cuál es su conclusión?

-La lucha es constante. No existe la posibilidad de detenerse, si lo haces traicionas tus ideales. He tenido amigos que se han cansado por el camino; lo entiendo, pero yo, si lo hiciera, perdería la razón de ser y de hacer.

-¿Persigue usted una utopía?

-Hacer una verdadera revolución es casi imposible, pero puedes trabajar en lo tuyo con la máxima atención y honestidad. Cuando estás desesperanzado, cuando te han traicionado, hay que airear la tierra, y seguir trabajando el propio huerto.

-En 1973 un grupo fascista conectado con la policía torturó y violó a Franca Rame...

-Los tribunales han oído testimonios sobre cómo se brindaba en los cuarteles para celebrar esa violación, han oído nombres y detalles concretos; pese a ello, aquel terrorismo de Estado quedará impune: sumario cerrado.

-¿Qué ha sido lo importante?

-A veces lo grande ha sido fácil y lo pequeño difícil, o lo pequeño muy satisfactorio y lo grande, al final, poco importante.

-¿Lo dice por el premio Nobel?

-El premio Nobel fue importante, pero no lo más importante de mi vida. Un hombre es lo que hace, lo que escoge, las cosas que consigue crear, los sueños que consigue realizar.

-¿Qué ha perseguido?

-Yo soy uno de los autores vivos más grandes del mundo, es inútil que me haga el modesto. Soy el más representado, así que lo he conseguido, he sido capaz de exprimirme y hacerme oír, y eso es un hecho grande.

-¿Qué piensa del ser humano?

-Que es una máquina espléndida, una obra de arte del creador. Absurdamente, quien menos la respeta es quien la posee.

-Los peces serán los últimos en comprender el agua.

-Así es. Usted y yo no nos damos cuenta del milagro que vivimos.

-Es usted un optimista.

-Sí, abogo por el optimismo de la razón: quejarse poco y procurar resolver los problemas en positivo, tener esa fuerza es básico y es algo que se trabaja.

Monday, July 11, 2005

From illusion to awakening.

painting by Magritte
When I dream at night,
I may believe that I am the main role.
But to my awakened, wakeful, self,
that is just a character I created.
Not only that. I -the dreamer- contain
all the other characters or roles.
To my perception as the dreamt Lux
it seems that the other characters are outside.
However, I am not the dreamt Lux, she is within me,
as the other characters are.
It can be said that I am within all the characters,
since I am their animating being.
So all dreamt characters without distinction are within me
and I am within them.
But there's not one among them
that is more me than the rest of them.

My dreamt characters,
including the apparent main role,
interact with each other.
Are they responsible for the events happening
as the being dreamt story?
Have they any freedom to what happens
as the being dreamt story?
No. They all depend on my imagination, my mind,
my dreamer's consciousness.
I am outside and beyond them,
though I am fully within each of them.
If they each have any life, is because I am within them.
They appear to take decisions and to develop the story
to this or that direction,
but that's part of the illusion,
part of the dream I am dreaming,
that they appear to have choice.

I dream my characters as co-creating the story,
but they are not,
I alone am the only creator,
they having no choice but do what I dictate.

Now, this happens here in this day dream called reality.
I am dreaming that I am a person who is experiencing a physical life.
In that dream, I learn
that my personal imagination has power,
so I -the dreamt person- start using
my personal imagination
and start to consciously co-create
with the other persons as they imagine too.
But above this circle of existence,
I am still the dreamer originating
the person with whom I identify myself while I dream,
and originating the other persons that appear to interact
and to co-create with that person.

As I extert my personal imagination
I become more aware of who I am,
to the point where my whole personal existence
is being reabsorbed into me the dreamer,
causing the dissolution of all the dream altogether.
Because at all times I wasn't the person
I believed to be in existence,
but the dreamer beyond it, animating it,
within it and around it.
I discovered to be the formless I AM,
the original imaginator,
and that if the creature I believed to be
could exert personal imagination
was due to me, through me,
and using actually my imagination only.
There was and is one power only, mine,
that of the I AM that I AM.
My creature, the person with which
I identified while sleeping or dreaming,
had no power of itself, no power to begin with,
but mine lent to it.

I had to get back to my self, by first believing
that I as the person was the owner of the power,
the cause of existence and world.
But as soon as I as person
proved the power in my hands,
I started to awaken
to the illusion of the whole phenomena,
realizing that I as person was part of that illusion,
which realization made me aware of myself
as the original source, the formless being that I AM.

Friday, July 08, 2005

We own the culture


When I was 13, in 1961, I surreptitiously purchased an anthology of Beat writing - sensing, correctly, that my mother wouldn't approve.

Immediately, and to my very great excitement, I discovered Allen Ginsberg, Jack Kerouac, and one William S. Burroughs - author of something called Naked Lunch, excerpted there in all its coruscating brilliance.

Burroughs was then as radical a literary man as the world had to offer, and in my opinion, he still holds the title. Nothing, in all my experience of literature since, has ever been quite as remarkable for me, and nothing has ever had as strong an effect on my sense of the sheer possibilities of writing.

Later, attempting to understand this impact, I discovered that Burroughs had incorporated snippets of other writers' texts into his work, an action I knew my teachers would have called plagiarism. Some of these borrowings had been lifted from American science fiction of the '40s and '50s, adding a secondary shock of recognition for me.

By then I knew that this "cut-up method," as Burroughs called it, was central to whatever it was he thought he was doing, and that he quite literally believed it to be akin to magic. When he wrote about his process, the hairs on my neck stood up, so palpable was the excitement. Experiments with audiotape inspired him in a similar vein: "God's little toy," his friend Brion Gysin called their reel-to-reel machine.

Sampling. Burroughs was interrogating the universe with scissors and a paste pot, and the least imitative of authors was no plagiarist at all.

Some 20 years later, when our paths finally crossed, I asked Burroughs whether he was writing on a computer yet. "What would I want a computer for?" he asked, with evident distaste. "I have a typewriter."

But I already knew that word processing was another of God's little toys, and that the scissors and paste pot were always there for me, on the desktop of my Apple IIc. Burroughs' methods, which had also worked for Picasso, Duchamp, and Godard, were built into the technology through which I now composed my own narratives. Everything I wrote, I believed instinctively, was to some extent collage. Meaning, ultimately, seemed a matter of adjacent data.

Thereafter, exploring possibilities of (so-called) cyberspace, I littered my narratives with references to one sort or another of collage: the AI in Count Zero that emulates Joseph Cornell, the assemblage environment constructed on the Bay Bridge in Virtual Light.

Meanwhile, in the early '70s in Jamaica, King Tubby and Lee "Scratch" Perry, great visionaries, were deconstructing recorded music. Using astonishingly primitive predigital hardware, they created what they called versions. The recombinant nature of their means of production quickly spread to DJs in New York and London.

Our culture no longer bothers to use words like appropriation or borrowing to describe those very activities. Today's audience isn't listening at all - it's participating. Indeed, audience is as antique a term as record, the one archaically passive, the other archaically physical. The record, not the remix, is the anomaly today. The remix is the very nature of the digital.

Today, an endless, recombinant, and fundamentally social process generates countless hours of creative product (another antique term?). To say that this poses a threat to the record industry is simply comic. The record industry, though it may not know it yet, has gone the way of the record. Instead, the recombinant (the bootleg, the remix, the mash-up) has become the characteristic pivot at the turn of our two centuries.

We live at a peculiar juncture, one in which the record (an object) and the recombinant (a process) still, however briefly, coexist. But there seems little doubt as to the direction things are going. The recombinant is manifest in forms as diverse as Alan Moore's graphic novel The League of Extraordinary Gentlemen, machinima generated with game engines (Quake, Doom, Halo), the whole metastasized library of Dean Scream remixes, genre-warping fan fiction from the universes of Star Trek or Buffy or (more satisfying by far) both at once, the JarJar-less Phantom Edit (sound of an audience voting with its fingers), brand-hybrid athletic shoes, gleefully transgressive logo jumping, and products like Kubrick figures, those Japanese collectibles that slyly masquerade as soulless corporate units yet are rescued from anonymity by the application of a thoughtfully aggressive "custom" paint job.

We seldom legislate new technologies into being. They emerge, and we plunge with them into whatever vortices of change they generate. We legislate after the fact, in a perpetual game of catch-up, as best we can, while our new technologies redefine us - as surely and perhaps as terribly as we've been redefined by broadcast television.

"Who owns the words?" asked a disembodied but very persistent voice throughout much of Burroughs' work. Who does own them now? Who owns the music and the rest of our culture? We do. All of us.

Though not all of us know it - yet.

William Gibson